Fantasias Sexuales: el limite de lo real

INTRODUCCION Y DEFINICIÓN



Las fantasías son como los fantasmas. No son reales, pero existen. Que las hay, las hay. A tal punto que la nueva definición de Sexualidad de la Organización Panamericana de la Salud (OPS-OMS-WAS 2002), comprende a las fantasías entre las manifestaciones principales de la sexualidad, son actividades sexuales. Angelo Monessi y Oswaldo Rodrigues (2001) dicen que la fantasía es a la sexualidad lo que la respiración es para la vida. Y ese hecho es lo que nos diferencia a los humanos de los animales.

Si buscamos definiciones de fantasía sexual, encontramos varias, pero proponemos que para este trabajo utilicemos la que, luego del análisis de todas las que encontramos, nos atrevimos a proponer en nuestro Diccionario de Sexología. Dice así: “Las fantasías sexuales son representaciones mentales imaginarias que estimulan y/ o acompañan los actos sexuales. Es una importante actividad erótica que permite trascender la limitada realidad, creando y economizando situaciones” que favorecen los deseos, sueños, esperanzas (Flores Colombino 1997). Pueden expresarse mediante imágenes exclusivamente, o mediante pensamientos o ambos.

Según se mire, las fantasías sexuales son “malos pensamientos”, pues nuestra cultura occidental ha extendido el concepto de ‘pecado del acto’ al de ‘pecado del pensamiento’, en la medida que el fantasioso se complazca o se regodee en sus fantasías. En otras palabras, es una transgresión el aceptar esas imágenes y pensamientos como una actividad legítima, válida y útil.

Pero la sexología clínica consagra a la fantasía sexual como un instrumento de tal validez, que sin ella es muy bajo o inexistente el deseo sexual, y por tanto es posible que se instale una disfunción del deseo sexual. Y a partir del allí, una disfunción eréctil, o excitatoria femenina, pues sin deseo no hay oxido nitroso, neurotransmisor principal de la respuesta sexual toda.

El enamoramiento suele ser fruto de la conmoción que la conciencia de cada persona sufre cuando descubre en otra las cualidades fantaseadas de su Ideal del Otro, mediante un proceso de idealización que está lleno de fantasías, y tal vez responsable de la liberación de feniletilamina y adrenalina. Muchas de ellas sexuales.

La testosterona como favorecedora del deseo sexual y de las erecciones nocturnas en los periodos REM del sueño, explica hoy la razón de las mejorías o no de los casos de disfunción eréctil, cuando no se disponía del sildenafil y de otros fármacos, y Lillemor Rosenqvist (1999) plantea la relación entre fantasías sexuales y niveles hormonales.

Podemos observar el recorrido que la fantasía traza desde la psicología, la moral y la bioquímica molecular.

ORIGEN Y FUENTES PSIQUICAS

Las fantasías sexuales forman parte de lo que el francés Gerard Zwang (1978) denomina la “cultura erótica”, que es todo cuanto el ser humano ha hecho para incrementar su atractivo y su quehacer sexual, que abarca desde las modificaciones físicas corporales, tanto instrumentales como no instrumentales, el uso de artefactos eróticos, el uso de códigos simbólicos eróticos y por último, la creación de fantasías a través de la imaginación y los recuerdos. Otro francés, como Charles Gellman, trazó una vía fisiológica de la necesidad y una vía psíquica del deseo para llegar luego a las conductas sexuales. Y en esa vía del deseo es la que Gilbert Tordjman (1975) menciona como una secuencia seriada de actividades psíquicas:

Recuerdos inconscientes

Fantasías inconscientes

Sueños nocturnos

Sueños diurnos o ensueños

Proyectos conscientes



Las dos últimas categorías son formas también de fantasías involuntarias y voluntarias: sueños diurnos o ensueños y proyectos conscientes. Todas nuestras experiencias vividas o incluso fantaseadas o inventadas en la infancia o cualquier otra etapa de la vida, alimentan nuestras fantasías. Pero también proveen de inspiración todo lo que leemos en revistas o libros de estudio, vemos en TV, encontramos en Internet o escuchamos en la radio o por boca de nuestros amigos o colegas. Todo enriquece nuestra fantasía sexual. Conocemos el efecto favorable de mirar un filme erótico, solos o en pareja, como forma de incrementar la fantasía y luego, el deseo sexual.

PSICOLOGIA DE LA FANTASIA SEXUAL

Vamos a analizar brevemente la fantasía desde un lugar conocido: el sueño. Nosotros, como humanos, no soportamos indefinidamente la tensión del mundo y periódicamente –cíclicamente- debemos dormir. Y cuando dormimos, podemos soñar en los periodos REM o MOR. Esos sueños traen a nuestra mente dormida los recuerdos inconscientes y las fantasías inconscientes, aun las más temidas o rechazadas cuando estamos despiertos, porque el sueño permite un debilitamiento de las defensas y de las censuras, y el contenido de lo soñado realiza alucinatoriamente un deseo, por lo general.

Como el simbolismo del sueño es universal, aparecen en el mismo temas variados, y entre los sexuales, las fantasías originarias de la procreación, la escena primaria del coito entre los padres, la seducción del niño por adultos y el miedo a la castración.

En ese mismo orden de ideas, Otto Fenichel (1966) plantea la existencia de dos tipos de fantasías: la fantasía creadora, preparadora de alguna forma de la acción ulterior, y la fantasía de los sueños diurnos, refugio de los deseos que no pueden ser realizados, que sustituyen a la acción.

Los sueños diurnos o ensueños, se parecen pero no son iguales a los sueños del dormir, pues procuran -al individuo que los tiene- una satisfacción independiente de la realidad. Es decir, tratan de compensar los aspectos desagradables o frustrantes de la realidad mediante sustituciones y desplazamientos que sustituyen lo no querido; por ejemplo, la indiferencia de la persona deseada, es sustituida por imágenes positivas llenas de esa u otras personas o situaciones que desea y no puede alcanzar en la realidad.

EL REINO DE LA IMAGINACIÓN

La fantasía que proviene de los ensueños es una creación de la imaginación. Y esta es la fantasía conciente: un pensamiento no seguido de la acción, pues la fantasía en sí es una actividad sexual, una actividad mental fundamental cuyo motor es el deseo no satisfecho en la realidad y que apunta a satisfacerlo. Los proyectos concientes también son fantasías concientes, que sustituyen a la realidad, pero pueden anticipar la acción, afinarla en el regodeo íntimo de lo que puede suceder en los hechos, edulcora y anticipa gozosamente la acción. Desde luego, los ensueños y los proyectos incrementan el deseo sexual. Stenwaga (1980) dice que la sexualidad es la única función en el desarrollo de la personalidad, que empieza por la imaginación, por una representación de lo que puede ser el acto sexual antes de poderlo vivir. Y toda esta serie de representaciones va a ser integrada en toda una red de significados, propia de cada sujeto, para constituir finalmente la imaginación erótica del individuo.

La fantasía sexual es un ensueño, imágenes que nos acercan al placer, a lo vital y energético, que nos permite ser personas independientes y únicas y estar al mismo tiempo en comunión con los demás. Dice Mancini (1986) que “las fantasías sexuales son uno de los pocos caminos que nos permiten ser libres”. Por eso la fantasía es todopoderosa, se expande hasta el infinito y no tiene límites, pues no los precisa ni hay nadie que los imponga. Por eso, en la fantasía puede pasar de todo. De lo bueno, pero también de lo malo, anotémoslo desde ya. Hay fantasías sexuales excitatorias y hay fantasías sexuales inhibitorias.

El psicoanálisis dice que las llamadas pulsiones del Yo ceden fácilmente ante el principio de realidad, pero no ocurre así con las pulsiones sexuales: ellas escapan rápidamente por la formación de fantasías, que es un tipo de pensamiento que se ocupa de satisfacer esas pulsiones sexuales en la imaginación. Las fantasías inconscientes que vimos más arriba, sólo pueden expresarse mediante síntomas neuróticos, creaciones artísticas o juegos infantiles. Por definición, no somos conscientes de tener fantasías inconscientes. Pero las fantasías conscientes expresan la estructura mental del sujeto. Boulanger (1975) dice “¿no es toda la vida psíquica la que aparece como tejida sobre la trama de la fantasía?”.

Por eso, las fantasías sexuales en sí, pueden ser un poderoso instrumento para definir los rasgos de personalidad y de carácter de las personas. Un análisis de las fantasías de cada persona nos revela muchas cosas de la misma, es una suerte de radiografía, tomografía y resonancia magnética al mismo tiempo. “Dime qué fantaseas y te diré quién eres” podríamos decir. Pero aun más. “Si conozco tus fantasías te diré qué eres, qué quieres, cual es tu orientación sexual, tu identidad sexual, tu potencial erótico y tu normalidad o patología mental”. Pero también podemos saber qué tipo de persona te atrae, te seduce, te conquista y te somete, pues la formación del Ideal de pareja que nos inspira a enamorarnos y elegir pareja, se basa en las fantasías sexuales que construimos a lo largo de la vida.

LA AUSENCIA DE FANTASIAS SEXUALES

Todos los terapeutas sexuales tenemos pacientes que declaran no tener fantasías sexuales. Es muy frecuente en mujeres con bajo deseo sexual. En estos casos, deberíamos concluir que los y las consultantes sí tienen fantasías sexuales, pero permanecen inconscientes, no permiten que de manera voluntaria sus fantasías sexuales afloren. Así que sus inhibiciones y trastornos en la construcción de su genitalidad adulta no les permiten tener un orgasmo, por ejemplo, tampoco les permiten tener y utilizar fantasías sexuales concientes como afrodisíacas que son. Los tres afrodisíacos más poderosos serían según Helen Kaplan (1978), el tiempo, el amor y la fantasía.

Esta presunta ausencia de fantasías, se refuerza con datos estadísticos, que dicen que él las tienen el 69 % de los varones y el 31 % de las mujeres, tan solo (Reik 1966). Pero Mancini (1986) afirma que este guarismo, así como el que los varones son más mirones o vouyeuristas y las mujeres son más proclives al contacto físico y afectivo, se fundamenta en diferencias culturales falocráticas, y no en una realidad, que es progresivamente permisiva para la mujer de nuestro tiempo.

FUNCIÓN DE LAS FANTASIAS SEXUALES

Teniendo en cuenta este último subcapítulo, que nos revela que no todo el mundo tiene fantasías sexuales, veamos qué función se le otorga a las mismas (Tordjman 1978):



1. Intensifican el placer sexual.

2. Economizan la realidad, sustituyéndola.

3. Realizan los deseos insatisfechos.

4. Sacian la necesidad de crear, imaginar.



1. Intensifican el placer sexual colmando los deseos conscientes y aun los inconscientes y más secretos.

2. Economizan la realidad, pues hacen posible lo imposible en un plano imaginario, pero que para el individuo posee valor simbólico o proveen de estímulos para la masturbación.

3. En la fantasía sexual se realizan los deseos insatisfechos, pues la persona realiza cualquier acto sexual con quien se le venga en gana, en que la censura no opera pues se trata de algo irreal, o que puede incluso operar como un estímulo trasgresor.

4. La realidad a veces es pobre, escasa o esquiva, mientras la fantasía puede llevar a la imaginación hasta la saciedad y la plena satisfacción.



TIPOS DE FANTASIAS SEXUALES

Se han propuesto varios tipos de fantasías sexuales más frecuentes que aparecen tanto en la masturbación como en el coito, así como en cualquier situación erótica:

1. fantasías de triangulación.

2. Fantasías sadomasoquistas.

3. Fantasías homosexuales.

4. Fantasías parafílicas: exhibicionistas, voyeristas, zoófilas, fetichistas, transvestistas, pedofílicas, necrofílicas.

5. Fantasías complejas: ser seducido/a, prostitución, sexo grupal, obediencia, huída, adoración, gula, mamaria, promiscuidad, poliginia o poliandria.

LAS FANTASIAS DE TRIANGULACION

Considerada la más frecuente de las fantasías, hacen que irrumpa como un acto voluntario o no, la imagen de una tercera persona en plena actividad sexual de la pareja: un ex novio, amante, esposo, o simplemente otra persona conocida o desconocida por la cual la persona fantaseante experimenta atracción sexual. La fantasía puede abarcar desde el cuerpo desnudo en actividad coital, desde diferentes ángulos o el registro de partes del cuerpo como los genitales, las piernas, la cara iluminada por el placer, o barbas, bigotes, mamas, pies, miradas o sonidos.

Las personas celosas desconfían de sus parejas cuando cierran los ojos en el coito “¿Con quién me están engañando ahora?” decía un personaje de Schnitzler en una novela. A veces la fantasía trae la imagen de un filme pornográfico, de una mujer mayor o de una niña, inspirada en una revista pornográfica o fotos de internet. En todos estos casos, la irrupción en el campo imaginario de otra u otras personas –porque el fantaseador puede recorrer todas sus experiencias previas como en una galería de mujeres o varones- desplaza a la pareja real. Pero también se puede imaginar el sexo grupal, en que la o las nuevas parejas se van incorporando, participando como espectadoras o como activas protagonistas del coito. Hasta aquí, las fantasías sexuales estimulantes y excitatorias. Pero también pueden inhibir la respuesta sexual.

El psicoanálisis afirma que la presencia del tercero obedece a la necesidad de revivir el triángulo edípico y aparecen fantasías coitales con la madre o el padre, y también con otras figuras del campo incestuoso, como hermanos, hijos, primos, tíos. En estos casos, y no en casos de figuras no incestuosas, la fantasía puede provocar la inhibición del deseo, de la excitación o del orgasmo.

Lo interesante de la fantasía durante el coito, es que se puede fantasear con la persona amada, duplicando el estimulo de la presencia con la de la creación imaginaria. Para algunos autores (Kinsey 1954, 1967), fantasear con la propia pareja es una de las más frecuentes en la vida cotidiana. Es decir, hay personas que son fieles hasta en la fantasía. Habría que preguntarse si esa fidelidad en la fantasía irreal podría revelar, sin embargo, que no se satisface con la realidad de su pareja.

Veamos otras situaciones sexuales concretas en que han sido estudiadas las fantasías.

LAS FANTASÍAS DE LA MASTURBACION

La mayor parte de las personas tienen fantasías mientras se autoestimulan y aún antes. El 75% de los varones y el 80% de las mujeres fantasean con el contacto con la persona amada, y esto es aun mayor en­tre los más jóvenes. Kinsey (1954,1967) había con­siderado que la fantasía jugaba un papel menor en la masturbación femenina que masculina, pero Hunt (1977) demostró que ello se debía a motivaciones culturales y no neu­rológicas como se había supuesto. No obstante, las mujeres son menos excitables por fanta­sías que los varones. Las fantasías más audaces utilizadas en la masturbación, según la encuesta de Hunt eran:

1. Relaciones con extraños: 47 % hom­bres y 21 % de las mujeres.

2. Actividad sexual con más de una per­sona del sexo opuesto simultáneamen- te: 33% de los varones y 18% de las mujeres.

3. Prácticas sexuales en las que uno ja­más incurriría en la realidad: 19% de los varones, pero el 28% de las mujeres.

4. Ser obligado a tener relaciones sexua­les (masoquistas): 10% los hombres y 19% las mujeres.

5. Obligar a alguien a tener relaciones se­xuales (sadomasoquistas): 13% de hombres y 3% de las muje­res.

6. Tener relaciones con alguien del mis­mo sexo (homosexuales): 7% de varones y 11% de muje­res.



FANTASIAS SEXUALES EN LA HOMOSEXUALIDAD

Las fantasías sexuales de los homose­xuales son muy interesantes. Estudiadas por Masters y Johnson (1979), para poder compararlas con las de homosexuales de ambos sexos, revela­ron que tanto los varones como las muje­res heterosexuales experimentaban fantasías sexuales con el siguiente conte­nido, en este orden de frecuencia:



1. Reemplazo de pareja establecida;

2. Ataque sexual;

3. Observación de actividad sexual;

4. Encuentros heterosexuales;

5. Experiencias sexuales grupales.



En cambio los varones y mujeres ho­mosexuales presentaban diferencias cla­ras entre sí y con los heterosexuales. Así, los varones homosexuales fantasean con:



1. Imágenes de anatomía sexual, sobre todo pene y nalgas;

2. Ataques sexuales en que son víctimas, violados, azotados;

3. En­cuentros heterosexuales: siendo forzados por mujeres o forzando a otra;

4. Idilios con varones desconocidos, idealizados;

5. Ex­periencias sexuales grupales, como ob­servadores más que como participantes.



Las lesbianas fantasean:

1. Con ata­ques sexuales: más por presión social que por medios físicos;

2. Idilio con pareja es­tablecida. Obsérvese, que a diferencia del homosexual masculino, las lesbianas fan­tasean con sus compañeras estables, idealizándolas;

3. Encuentros heterose­xuales: por presiones sociales;

4. Recuerdo de experiencias pasadas que no precisan aclaración; y

5. Imágenes sádicas: des­tructivas de órganos reproductores, tanto a mujeres conocidas como a hombres des­conocidos.



FANTASIAS SEXUALES EN EL MASOQUISMO SEXUAL

Las fantasías y las conductas sexuales masoquistas van unidas. Se fantasea con múltiples formas de ser humillado como ser orinado, defecado, obligado a arrastrarse, a imitar animales, a suplicar, a vestirse con ropa del otro sexo, ser vendado y encapuchado que implica sumisión sensorial, ser tratado como un niño, o que le efectúen perforaciones en la piel o los genitales.

Cuando se trata solo de fantasías de humillación suelen ser aun más atrevidas y ricas que la realidad: estar en situación de ser torturado con picanas eléctricas, violado o violada por múltiples personas, castigado con todo tipo de objetos con látigos, palos, picanas, cortes, pinchazos y coscorrones o con cualquier objeto, hasta que de la lesión mane sangre o hasta la muerte; ser siervo o esclavo al servicio incondicional de amos abusivos, con la inmovilización o restricción de movimientos para que uno se pueda escapar, puede ser de las muñecas y tobillos atados a la cama, con vendajes en los ojos o no, todo lo cual implica sumisión a la pareja, que puede hacer lo que quiera con él, aun matarlo; o ser agredidos en un callejón oscuro por una patota que le propina una feroz golpiza o le insulta soezmente. Cuando se trata de fantasías que no son preparatorias de actos masoquistas, son indispensables para excitarse durante la masturbación o el coito.

FANTASÍAS SEXUALES EN EL SADISMO SEXUAL

Las fantasías sádicas son parecidas a las maqoquistas, pero practicadas sobre una víctima: inmovilizarla físicamente, atarla con los ojos vendados a la cama o contra un objeto firme, darle una golpiza, azotarla, pincharla o perforar el cuerpo con objetos punzantes, quemarla con cigarrillos, aplicarle descargas eléctricas, efectuarle cortes, intentos de estrangulación, obligar a la víctima a arrodillarse, a comer excrementos, encerrarla en una jaula y finalmente, el homicidio. Las fantasías de violación con penetraciones anales y vaginales violentas, donde se provoquen lesiones sangrantes. Las fantasías sexuales sádicas suelen comenzar en la infancia y los actos comienzan a la edad adulta joven. El curso suele ser estable, pero los periodos de estrés o depresión pueden hacer que se incremente el deseo de avanzar en imágenes cada vez más violentas hasta la muerte del partener

FANTASIAS SEXUALES EN LA MIELODISPLASIA

Interesa saber que aun en discapacidades físicas importantes, las fantasías sexuales son frecuentes para la sexualidad de quienes las padecen, con características propias. Cabello Santamaría (1996) halló que en las personas con mielodisplasia, las fantasías sexuales más frecuentes eran:

1. Relación heterosexual con persona conocida que no es la pareja (50%)

2. Algún tipo de actividad sexual con la pareja habitual (14.2%).

3. Imágenes anatómicas inconcretas (7.14%).

Y no halló fantasías grupales u homosexuales como en los grupos de control.

CONCLUSIÓN

El chileno Mancini (1986) dice que la fantasía sexual capacita a todo individuo, potencial o efectivamente, para vivir en forma de imágenes un universo de posibilidades y alternativas eróticas. Así es como una fantasía sexual nos permite trascender nuestra limitada realidad y en muchos casos transgredir las normas y valores culturales a los que estamos adscriptos. Hay personas pobres de fantasías, y sin ninguna duda constituye un handicap que los terapeutas sexuales hoy en día sabemos como revertir (Kornhauser y Verdeguer 1991, Monessi y Rodrigues, 2000, Cavalcanti 2000). Y hay personas que no pueden vivir sus deseos más que en la fantasía. Son soñadores, fantasiosos que huyen de una realidad esquiva.

El escritor Marcel Proust decía “dejemos las mujeres bellas a los hombres sin fantasía”. Nosotros decimos que si la fantasía sexual es uno de los campos más ricos de la libertad, de la creatividad, de nuestra condición humana, los educadores y terapeutas sexuales tenemos una gran tarea para ayudar a la gente a liberarse creativamente para alcanzar una dimensión superior de la humanidad, en el plano de las fantasías.

No se trata de negar lo real ni de renunciar a él, sino se trata de darle a la realidad sexual y al placer sexual, el color y la belleza que hacen grandiosa a nuestra sexualidad y trascendente a nuestras vidas.



Fuente: Dr. Andres Flores Colombino.- Presidente de la FLASSES